
Esa noche y tras la cena, dimos un paseo por la Ciudad Eterna, sus calles estaban preciosas adornadas con motivos navideños pero he de decir que todos estábamos un poco nerviosos, no sabíamos aún como sería la Audiencia de mañana.
Los hoteles de Roma estaban bastante bien. El que yo ocupaba estaba muy cerquita de la Plaza de San Pedro y, en el que se alojaba mi hermano, las paredes de las habitaciones eran como "blanditas", cosa que algunos pudimos comprobar.
En el autobús de los jóvenes de la Hdad de la Macarena iba también su director espiritual, Manuel Gallego que llamó al Colegio Español en Roma para saber sobre las entradas para la Audiencia y le indicaron que un sacerdote que no había dejado su nombre ya las había retirado. Todos, un poco desconcertados, decidimos irnos a nuestros respectivos hoteles para descansar y ya veríamos que sucedería mañana.
Hacía frió, bastante frió diría yo el día 28 por la mañana en la Plaza de San Pedro donde nos reuníamos para acudir a la Audiencia y como ya dije en la entrada anterior, algunas chicas vestimos el traje típico de nuestra tierra y otras optaron por ir de mantilla. En la plaza nos esperaba la hermana Estrella del Rey, la cual había arreglado todo para la Audiencia. En un momento dado, observamos la imagen de un sacerdote mayor, con una sonrisa en sus labios y casi corriendo hacia nosotros, era el padre Federico Pérez Estudillo que había viajado hasta Roma en avión. El era quien había recogido las entradas para la Audiencia.



Y después que la guardia vaticana nos hiciera pasar por un exhaustivo control, accedimos con el retablo de la Inmaculada y ondeando las banderas españolas al Aula de Pablo VI repleta ya de jóvenes de todas las nacionalidades, que nos recibieron entre palmas y vitores.
Y llegó el momento más esperado, a las doce de la mañana y sin que nadie se diese ni cuenta, apareció vestido de blanco el Papa, que fue conociendo a través de un sacerdote que hace de "presentador" a cada uno de los grupos que allí se encontraban hasta que llegó nuestro turno.
Los vítores y las palmas se repetían en toda la sala pero más aún cuando Su Santidad entonó la conocida sevillana del "adios" y nos dijo también que "Sevilla había dejado una profunda huella en su corazón".
Otro gran momento fue cuando el Papa se acercó a nosotros para saludarnos y fuimos muchos los que le pudimos darle la mano, pero tal como vino bendiciéndonos, se marcho. He de decir que otro de los momentos más emotivos fue cuando les habló a los jóvenes polacos que allí se encontraban y cantó con ellos una canción de trabajo.
La Audiencia había finalizado, dejando tras de si el fin de un maravilloso proyecto lleno de ilusión conseguido por un grupo de jóvenes.
A la salida nos hicimos todos juntos una foto en la escalinata del Vaticano y seguro que al verla, nos recordará siempre este gran día.

El resto del viaje ya os lo iré contando.